martes, 19 de agosto de 2008

Cárol

Cárol se enreda en afanes inconcretos, interminables, que le ocupan la vida y los sueños. La oigo quejarse sin fin de lo que hace y de lo que deja de hacer. Pero nunca para. Porque si para se hunde. Cárol sabe hacer de todo, pero no sabe quién es, a dónde va. Su fuerza titánica para encarar las tareas prácticas es en realidad una debilidad congénita para enfrentarse a sus preguntas.

A veces le digo, Carol, para; pero Carol hace lo único que sabe hacer, dedicar todo el tiempo a un millón de tareas, aunque no tuviera que hacerlas, aunque no debiera hacerlas, aunque nadie vaya a agradecérselo. Es como una heroína homérica superada por su destino, enzarzada en trabajos inacabables que los dioses le imponenen.

Ahora Cárol está sentada a mi lado, sin hacer nada, sin mover siquiera un pie como hace siempre que las circunstancias la obligan a parar. La observo sorprendido, con desazón, quizá con miedo. Tiene las manos juntas, en el regazo, entrecruza los dedos, los vuelve a liberar. Y no dice nada, ni respira alteradamente, ni me mira, ni siquiera refunfuña y se queja.

Me doy cuenta de que no sé quién soy, ni a dónde voy, que estoy tan perdido como Cárol, que enfrentarme a mis preguntas no me ha llevado a responder ninguna, sino a abismarme en ellas y cojo un trapo y empiezo a limpiar los cristales. Cárol mueve el pie, como hace siempre que las circunstancias a obligan a parar, me mira y sonríe.

martes, 22 de julio de 2008

vencejos

 
Solo unas horas, una tarde, parte de una noche. Un libro, un patio, una ensalada creativa. Una banda sonora de vencejos incansables. Nada más. El tiempo acompasado, acariciante, sin sobresaltos. Y todo lo demás fuera de la noche, de la tarde, del libro, del patio, de la ensalada, de los vencejos. Todo lo demás y todos los demás. Cuánto nececisto una cura de soledad en calma. Más prolongada. Más honda. Para mimarme. Para alejarme temporalmente del infierno. Del infierno que son los otros.
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martes, 13 de mayo de 2008

miedo

miedo.

(Del lat. metus).


1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

En esta ocasión el DRAE no es poético, pero sí perturbadoramente certero. Como los miedos ridículos que dejamos que manden en nuestras vidas. La definición es tan transparente que detrás de las palabras se intuyen los miedos particulares del redactor, sobre todo en la segunda entrada. Los escondemos a los ojos ajenos. Nos negamos a verlos. Los encerramos en nuestro desván oscuro del alma. Y dejamos que desde allí vayan tejiendo su tela de araña, sutil, aterciopelada. Somos fuertes. Somos divertidos. Somos listos y seductores. Pero ellos mandan, desde la sombra, mucho más de lo que estamos dispuestos a admitir. Por eso yo no soy yo, sino lo que mis miedos escondidos me dejan ser.

jueves, 1 de mayo de 2008

el TSJA y la EpC

Rompo un silencio de un mes por algo que me ha molestado hasta casi la indignación. Me refiero al fallo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía acerca de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. El tribunal estima que algunas frases de los Reales Decretos de aplicación de dicha asignatura rebasan los valores constitucionales y entran el colisión con el derecho de los padres a dirigir moral e ideológicamente la educación de sus hijos. Yo creo que el derecho de los hijos a recibir una educación alejada de sesgos ideológicos erráticos debería estar por encima del derecho de los padres a imponérselos, pero ese es otro debate. Concretamente las frases que molestan al Tribunal Superior andaluz en los curriculos de primaria son: una que habla de que es necesario formar ciudadanos que rechacen "todo tipo de discriminación por razón de nacimiento, de capacidad económica o condición social de género y de raza" y otra que dice que la educación debe ser un fomento "al respeto de las diversas opciones vitales de las personas y los grupos sociales , desarrollando la sensibilidad y la actitud crítica hacia estereotipos racistas, xenófobos, machistas y homófobos". La primera la rechaza porque la Constitución no habla de discriminación de género sino de discrimiación por razón de sexo. Y que introducir el género es ideologizar. Tócate el níspero, Benito. Y declara nula la expresion "de género". En la segunda declara nula la expresión "opciones vitales". Qué miedo, a ver si los chicos de primaria se van a enterar de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos consagra el principio de la libertad individual y les va a dar por pensar y elegir por sí mismos.

En lo relativo a la E.S.O. en los Reales Decretos vuelve a declarar nula la expresión "de género" y otra frase que les parece un horror, a saber "dado que la construcción de la identidad es una tarea compleja, es necesario que la contribución de la escuela a ese proceso de construcción huya de la simplificación y de los enfoques esencialistas, para asumir una perspectiva compleja y crítica" según el TSJA rompe el principio de neutralidad ideológica que debe presidir el quehacer de las instituciones públicas. Y esto último quizá sea cierto. Pero si alguien es tan simple y esencialista como para imponer a un adolescente un ideario que niegue la diversidad de modelos válidos y la complejidad en la construcción de la identidad personal, no sé si debería permitírsele la educación de otra persona.

Para colmo el Superior de Andalucía reconoce que no tiene potestad para anular un Real Decreto y es por ello que conmina al Tribunal Supermo a hacerlo, pero pide que mientras éste se pronuncia se aplique cautelarmente su sentencia.

Me indigna que el derecho de los padres a dar a sus hijos una educación sesgada, esencialista y fanática esté por encima del fomento de los valores constitucionales (de su espíritu al menos, más que de su literalidad). Y no sé cuántos padres rechazarán de verdad los valores contenidos en las frases que al TSJA le parecen una intromisión en un derecho paternal, pero espero, por el bien de España, que sean pocos.

jueves, 27 de marzo de 2008

Wilma

Wilma siempre supo que no era bueno hacer caso a las personas sensatas. Pero terminó eligiendo seguridad en lugar de libertad, terminó sacrificando el presente para ganar el futuro.

Wilma siempre supo que el amor era mentira, pero terminó abriéndose el corazón de par en par para que se lo apuñalaran, una vez, dos, tres, hasta que se le hizo piedra pomez y empezó a flotar sobre las miasmas del amor.

Wilma siempre supo que el agua ahoga y que el fuego quema, pero apagó el ardor de su alma con marejadas incontrolables.

Wilma siempre supo que perder la cabeza era malo, pero ahora que a ratos siente que la realidad se le escapa por los resquicios y que pierde contacto con ella, se siente aliviada.

lunes, 17 de marzo de 2008

Marcial

Marcial era un hombre apocado y nihilista más por falta de entusiasmo que de fe, el entusiasmo le pareció siempre un afán agotador. Se sentaba junto al dintel de la puerta de su casa cada tarde, abatido por las altas temperaturas y por el carácter de su mujer y allí esperaba a ver cómo todos los problemas se iban solucionando cuando se cansaban de incordiar. A la hora en que el sol parecía un recuerdo cada vez más remoto y una brisa lejana y desvahída hacía nubes en sus hombros, se solucinaba uno de sus problemas inmediatos, el de las altas temperaturas. Liberado así, de uno de sus abatimientos notaba que el ánimos y la determinación se le recuperaban fastuosamente y se sentía capaz de levantarse, de agarrar la silla con mano firme, de subir el lumbral, y de caminar hasta la habitación, destapar la cama y echarse a dormir. Porque, a pesar de todo, Marcial era un Hércules en potencia.

jueves, 6 de marzo de 2008

deriva

Hace mucho tiempo, más de media vida ya, estuve en contacto con un grupo neocatecumenal de un pueblo cercano al mío que pretendía crear una comunidad en la localidad donde vivía -y vivo-. Asistí a encuentros, charlas, reflexiones, lecturas comentadas del evangelio y a una ceremonia eucarística de largo -pero ameno- ritual. Estuve a punto de iniciar el camino neocatecumenal, pero algo que no sabría explicar me impulsó a no hacerlo. Esa decisión provocó que algunas personas de mi círculo de amistades más cercano me dieran la espalda abierta y sectariamente. Su actitud me reafirmó en lo decidido. Y me fui alejando, quizá como preludio de lo que me ocurriría un par de años después: mi vuelta definitiva a la razón y mi alejamiento de la superstición religiosa. Comprendí, entre otras muchas cosas, que aquellos que condenaban mi amor no predicaban el amor sino el dolor y el sometimiento.

A pesar de su compromiso extremo, casi excluyente, y de su férreo control moral y de costumbres, el movimiento neocatecumenal tuvo para aquel yo adolescente en busca de una identidad propia, un gran atractivo, fundamentalmente porque era profundamente conciliar. Tenía ese halo hippie, pacifista y de compromiso personal y apolítico que envolvió a muchos grupos cristianos tras la renovación propiciada por el Vaticano II.

Por eso me sorprendió ver una enorme pancarta del grupo al que estuve cercano en el acto político de Diciembre en la plaza de Colón de Madrid. Y me sigue sorprendiendo que una pareja, miembros del grupo "hermano" de Bollullos sean los primeros en obtener una sentencia judicial favorable en la guerra política contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía. ¿Cuál ha sido su deriva en los últimos quince años? ¿Cómo un grupo nacido al calor de la renovación conciliar termina aliándose con los apóstoles de la vuelta a Trento? ¿Cómo aquellos "revolucionarios" han terminado convirtiéndose en adalides de la involución? Estoy muy lejos de la Iglesia Católica y de cualquier sentimiento religioso en general, quizá mi deriva ha sido mayor que la de ellos, pero la suya no la comprendo, sinceramente. Son el nuevo Opus, aquellos plutócratas a los que despreciaban.
 
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